Expertos con perspectiva
CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- Durante años, la ruta profesional más recomendada ha sido la de profundizar. Posgrados, certificaciones y nichos cada vez más estrechos prometen diferenciación en mercados saturados, y esa promesa, en buena medida, se cumple. ¿Qué ocurre cuando el dominio de una materia se vuelve tan absorbente que impide reconocer lo que sucede a su alrededor? En algunos casos, el especialista distingue con precisión admirable cada detalle bajo su lente,
mientras pierde de vista el territorio donde ese detalle cobra sentido.
En efecto, la especialización conserva un mérito indiscutible. Difícilmente una organización pondría la estructuración de una operación bancaria compleja, el diseño de un programa de cumplimiento o la defensa de un litigio sensible en manos de quien posee apenas un barniz del tema. La hondura técnica genera confianza, reduce riesgos y permite resolver con solvencia asuntos que exigen largo estudio.
Reconocer esa virtud resulta indispensable antes de señalar sus límites. No obstante, la realidad rara vez se presenta clasificada por disciplinas. Una decisión empresarial combina, al mismo tiempo, aristas jurídicas, económicas, tecnológicas, reputacionales y relacionales. Quien maneja únicamente una de ellas tiende a resolver el
fragmento que le corresponde y, con frecuencia, genera tensiones en los demás.
El saber vertical sin horizonte puede producir soluciones impecables sobre el papel que fracasan al contacto con el entorno. Esto se refleja con nitidez en el ámbito del cumplimiento normativo. Un analista puede conocer cada artículo de la regulación sobre prevención de lavado de activos y, aun así, aprobar un expediente formalmente intachable que resulta incoherente con la actividad del cliente. Las señales de alerta suelen esconderse justamente en los intersticios, en la transacción inmobiliaria que no guarda relación con el perfil del comprador o en el flujo de fondos que contradice el giro declarado.
Detectarlas requiere entender cómo funcionan los sectores, cómo se comportan las personas y cómo se mueve el dinero. De igual manera, la cultura general actúa como un tejido conectivo entre áreas. Comprender los fundamentos de las finanzas, la psicología, la tecnología o la comunicación permite dialogar con conocedores de otros campos, traducir lenguajes distintos y formular mejores preguntas.
El más reciente informe del Foro Económico Mundial sobre el futuro del empleo estima que cerca de cuatro de cada diez habilidades que hoy poseen los trabajadores deberán transformarse o quedarán obsoletas en pocos años, y bajo ese escenario, una base amplia facilita adaptarse sin comenzar desde cero. A medida que las respuestas puntuales se vuelven más accesibles, incluso a través de la inteligencia artificial, el criterio para integrarlas continúa siendo una capacidad esencialmente humana. Bajo esta óptica, el reto no consiste en abandonar la especialización ni en dispersarse en nociones superficiales de todo. Se trata de cultivar lo que algunos denominan un perfil en forma de T, con un eje vertical de pericia y un trazo horizontal de curiosidad que conecta saberes.
En las aulas, esto se traduce en preparar juristas capaces de leer un balance, interpretar una dinámica de consumo o reconocer la dimensión emocional de un acuerdo. Desde el coaching, implica ampliar el repertorio de interrogantes para examinar una situación desde ángulos que la propia carrera no suele ofrecer. En definitiva, vale la pena considerar cuánto se diluye cuando la erudición se encierra en su compartimento. Quizás quien más aporta no sea el que acumula mayor información sobre un solo tema, sino el que, desde su fortaleza, conserva la humildad de aprender sobre lo que lo rodea, y entiende que la mirada de conjunto puede ser una forma más fina de lucidez.
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