
Caraballeda/Playa Grande (Venezuela).- En los edificios derrumbados de La Guaira ya no hay grupos grandes y casi todos los que quedan son venezolanos -sobre todo voluntarios y familiares-, que siguen rebuscando y levantando los pesados escombros para buscar a los centenares de personas que se presumen que siguen enterrados.
«Mijita, ¿dónde estás? No te veo», grita Marco Contreras en el acceso de un estacionamiento subterráneo que apenas ayer consiguieron destapar. Del interior sale un olor muy fuerte, y las plazas donde se ubican los vehículos están completamente aplastadas por el techo del primer piso.
Este señor mayor busca desde hace once días a su hermana, que vivía sola con una perrita en la primera planta de este edificio, del que no queda ni una sola parte en pie.
José Riva está con su grupo de mineros tratando de cavar agujeros para buscar a los desaparecidos, y fueron ellos quienes quitaron la placa que tapaba el acceso al estacionamiento. Cuenta a EFE que han sacado diez cadáveres, pero les dijeron que había 25 personas fallecidas en este edificio.
Han traído desde sus zonas mineras maquinaria para poder comenzar a quitar escombros, lo cual ahora mismo es la mayor exigencia de los familiares, que llevan muchos días viendo cómo los rescatistas internacionales —de los que apenas queda un grupo pequeño— pasaban por sus edificios con tecnología, pero no podían encontrar señales de vida.

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