
CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- Cada niño desarrolla el lenguaje a su propio ritmo. Algunos comienzan a decir sus primeras palabras antes del año, mientras que otros pueden tardar un poco más en desarrollar el lenguaje expresivo. Sin embargo, cuando existen retrasos importantes o dificultades en la forma en que el niño se comunica y se relaciona con los demás, es recomendable consultar con un profesional del desarrollo infantil.
Un retraso en el habla no significa necesariamente que un niño tenga trastorno del espectro autista (TEA). Existen múltiples razones por las que un menor puede hablar más tarde, entre ellas dificultades auditivas, diferencias individuales en el desarrollo del lenguaje, trastornos específicos del lenguaje u otras condiciones del neurodesarrollo.
La diferencia está en que el autismo no se define únicamente por cuánto habla un niño, sino por un conjunto de características relacionadas principalmente con la comunicación social y los patrones de comportamiento.
¿Cuándo puede tratarse simplemente de un retraso del habla?
Un niño con retraso del lenguaje puede presentar dificultades para expresar lo que quiere o necesita mediante palabras, pero mantener otras habilidades de comunicación social acordes con su edad.
Por ejemplo, puede:
- Buscar la mirada de sus padres o cuidadores.
- Señalar objetos para mostrar algo que le interesa.
- Intentar compartir experiencias con otras personas.
- Responder cuando lo llaman por su nombre.
- Utilizar gestos para comunicarse.
- Mostrar interés en jugar con otras personas.
- Comprender instrucciones sencillas, aunque todavía tenga dificultades para expresarse verbalmente.
En estos casos, puede existir un problema principalmente relacionado con el desarrollo del lenguaje. No obstante, solo una evaluación profesional puede determinar qué está ocurriendo.
¿Qué señales pueden hacer pensar en una evaluación por TEA?
Los especialistas prestan atención no solamente al lenguaje, sino a cómo el niño utiliza la comunicación para relacionarse con otras personas.
Algunas señales que justifican una evaluación del desarrollo incluyen:
1. No responde de manera consistente a su nombre
Si un niño parece no escuchar cuando lo llaman, especialmente después de haber descartado un problema de audición, es importante comentarlo con el pediatra.
2. Poco uso de gestos para comunicarse
Se debe observar si el niño señala para pedir algo, mostrar objetos o compartir aquello que le interesa.
La ausencia o escaso uso de gestos comunicativos puede ser una señal que merece atención.
3. No busca compartir intereses
Una diferencia importante puede estar en la intención de comunicación.
Por ejemplo, un niño puede señalar un avión no solamente porque quiere que se lo den, sino porque quiere mostrarle a otra persona algo que le llamó la atención.
4. Dificultades para establecer interacción social
Algunos niños con TEA pueden mostrar poco interés en interactuar con otras personas, tener dificultades para participar en juegos sociales o parecer desconectados de quienes los rodean.
Esto debe analizarse teniendo en cuenta la edad y el desarrollo general del niño.
5. Repetición de palabras o frases
La repetición de palabras o frases, conocida como ecolalia, puede aparecer durante el desarrollo normal del lenguaje, especialmente en niños pequeños.
Sin embargo, cuando persiste de manera significativa y se combina con dificultades de comunicación social, puede formar parte del perfil de un niño con TEA.
6. Pérdida de habilidades que ya había adquirido
Este es uno de los signos que requiere especial atención.
Si un niño ya utilizaba palabras, gestos o determinadas habilidades y posteriormente deja de utilizarlos, los padres deben comunicarlo lo antes posible al pediatra o profesional correspondiente.
La pérdida de habilidades no debe atribuirse simplemente a que el niño «está pasando por una etapa».
¿Y si el niño habla, pero algo parece diferente?
El hecho de que un niño hable no descarta el autismo.
Algunos niños con TEA desarrollan un vocabulario amplio, pero pueden presentar dificultades para utilizar el lenguaje de manera social.
Por ejemplo, pueden tener problemas para mantener una conversación de ida y vuelta, comprender determinados aspectos sociales del lenguaje, interpretar expresiones faciales o adaptar la comunicación al contexto.
También pueden hablar extensamente sobre temas específicos que les interesan, pero mostrar dificultades para seguir los intereses de otras personas.
Por eso, el número de palabras que utiliza un niño no es suficiente para determinar si existe o no un TEA.
También hay que observar los comportamientos repetitivos
Además de las dificultades de comunicación e interacción social, el TEA puede estar asociado con patrones de comportamiento repetitivos o intereses muy intensos.
Entre ellos pueden encontrarse:
- Movimientos repetitivos, como aletear las manos o balancearse.
- Necesidad marcada de mantener determinadas rutinas.
- Malestar intenso ante cambios pequeños.
- Intereses muy específicos o intensos.
- Reacciones inusuales ante sonidos, luces, texturas, olores u otros estímulos.
Tener uno de estos comportamientos no significa automáticamente que un niño tenga autismo. Lo importante es analizar el conjunto de características, su frecuencia, intensidad y repercusión en la vida cotidiana.
¿Cuándo deben los padres buscar ayuda?
No es necesario esperar a que el niño tenga determinada edad para consultar.
Si los padres, cuidadores o maestros perciben que el desarrollo de la comunicación, el lenguaje, el juego o la interacción social no está evolucionando como esperaban, pueden hablar con el pediatra.
La evaluación puede incluir diferentes profesionales, dependiendo de las necesidades del niño, como pediatras especializados en desarrollo, psicólogos infantiles, neurólogos pediátricos, terapeutas del lenguaje, terapeutas ocupacionales y otros especialistas.
Además, antes de atribuir un retraso del habla al autismo, es importante valorar la audición y considerar otras posibles causas del retraso.
Evaluar no significa diagnosticar
Uno de los errores más frecuentes es pensar que llevar a un niño a una evaluación significa que necesariamente tiene autismo.
No es así.
Una evaluación permite conocer cómo está desarrollándose el niño, cuáles son sus fortalezas y qué áreas necesitan apoyo. En algunos casos, el resultado puede ser un retraso del lenguaje; en otros, puede identificar dificultades de comunicación social, problemas de audición u otra condición del desarrollo.
El diagnóstico de TEA tampoco debe establecerse únicamente mediante una lista de síntomas encontrada en internet. Requiere una evaluación clínica integral realizada por profesionales capacitados.
La importancia de actuar temprano
Cuando existe una preocupación sobre el desarrollo, buscar orientación temprana puede ser beneficioso independientemente de cuál sea el diagnóstico final.
Las intervenciones pueden enfocarse en mejorar el lenguaje, la comunicación, las habilidades sociales, la autonomía y otras áreas en las que el niño necesite apoyo.
Por eso, ante la duda, una de las recomendaciones más importantes para las familias es no esperar simplemente a que «se le pase».
¿Retraso del habla o posible TEA?
La pregunta no debería ser únicamente «¿cuántas palabras dice mi hijo?», sino también:
¿Cómo se comunica? ¿Busca compartir con los demás? ¿Responde a las personas? ¿Utiliza gestos? ¿Cómo juega? ¿Ha perdido alguna habilidad que ya tenía? ¿Presenta comportamientos repetitivos o una marcada dificultad ante los cambios?
Estas preguntas pueden ayudar a identificar cuándo es conveniente solicitar una evaluación.



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