
CAFE DIARIO, EEUU. – El papa León XIV nombró este viernes al salvadoreño Evelio Menjívar Ayala como nuevo obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental.
Menjívar Ayala, de 56 años, residió como indocumentado en Estados Unidos tras llegar en 1990 y se ha desempeñado recientemente como obispo auxiliar en Washington, según informó el Vaticano.
El nombramiento ocurre tras la salida del obispo Mark Edward Brennan, quien presentó su renuncia por edad, conforme a las normas del derecho canónico.
Trayectoria migrante y formación
El nuevo obispo ha relatado que emigró a Estados Unidos en 1990 debido a la pobreza y al conflicto armado en El Salvador, que dejó miles de víctimas entre 1980 y 1992.
Se estableció en Washington, donde inició su camino religioso, estudiando Filosofía y Teología antes de ser ordenado sacerdote en 2004.
Durante su trayectoria, ha trabajado estrechamente con comunidades hispanas y migrantes, desempeñándose como párroco y formador en la capital estadounidense.
Postura migratoria y contexto político
Medios estadounidenses lo describen como crítico de las políticas migratorias del expresidente Donald Trump, especialmente aquellas centradas en deportaciones y control fronterizo.
El religioso ha cuestionado la asociación entre migración irregular y criminalidad, defendiendo una visión más humanitaria del fenómeno migratorio.
En 2022 fue nombrado obispo auxiliar de Washington, cargo que ocupó hasta su reciente designación en Virginia Occidental, una región con minoría católica.
El nombramiento se produce semanas después de que Trump criticara al papa León XIV, calificándolo de “débil” por sus posturas sobre la política internacional.
El nombramiento del salvadoreño Evelio Menjívar Ayala como obispo en Estados Unidos se enmarca en un contexto más amplio de migración latinoamericana hacia EE.UU., particularmente desde países como El Salvador, que durante las décadas de 1980 y 1990 vivieron fuertes conflictos armados y crisis económicas.
En el caso salvadoreño, la guerra civil (1980-1992) provocó más de 75.000 muertes y generó un importante flujo migratorio hacia Estados Unidos, donde miles de personas buscaron refugio, estabilidad y oportunidades laborales. Muchos de estos migrantes ingresaron en condición irregular, enfrentando procesos de regularización complejos y prolongados.
Dentro de este fenómeno, la Iglesia católica en Estados Unidos ha tenido un rol clave en la atención pastoral de comunidades migrantes, especialmente en zonas urbanas como Washington D.C., donde se concentran poblaciones hispanas. En este entorno, varios líderes religiosos de origen latino han ascendido a posiciones de mayor responsabilidad dentro de la jerarquía eclesiástica.

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