
Redacción Internacional – Para millones de mujeres en Afganistán, estudiar, trabajar, practicar deporte o simplemente salir de casa se ha convertido en una lucha diaria. Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, las restricciones impuestas sobre las mujeres y niñas han reducido drásticamente su participación en la vida pública y han limitado derechos que durante años habían logrado ejercer.
Las niñas afganas tienen prohibido continuar la educación secundaria después del sexto grado y las mujeres tampoco pueden acceder a las universidades. Además, enfrentan restricciones para trabajar en numerosos sectores y para utilizar determinados espacios públicos.
La situación ha provocado una profunda crisis de oportunidades. Según ONU Mujeres, cerca del 78 % de las mujeres jóvenes afganas no estudian, no trabajan ni reciben formación, una realidad que amenaza con dejar a toda una generación fuera de la educación y del mercado laboral.
Una vida cada vez más limitada
Las restricciones no se reducen a las aulas o los empleos. Las mujeres han visto reducido su acceso a espacios públicos, actividades deportivas y otras áreas de la vida cotidiana.
Para muchas jóvenes, la prohibición de continuar sus estudios significa también perder la posibilidad de convertirse en profesionales, conseguir independencia económica y decidir sobre su propio futuro.
La situación contrasta con etapas anteriores de la historia afgana. Naciones Unidas recuerda que las mujeres obtuvieron el derecho al voto en 1919 y que, desde la década de 1950, pudieron acceder a universidades y al mercado laboral.
El costo de excluir a las mujeres
La exclusión también tiene consecuencias económicas y sociales. Cuando millones de mujeres quedan fuera de la educación y del empleo, el país pierde una parte importante de su capital humano y limita sus posibilidades de desarrollo.
Además, ONU Mujeres advierte que las restricciones educativas pueden tener consecuencias a largo plazo, incluyendo un aumento del matrimonio infantil y mayores riesgos para la salud de las mujeres.
La situación ha llevado incluso a funcionarios y expertos de Naciones Unidas a describir las políticas aplicadas contra las mujeres como un sistema de discriminación de género extrema.
Mujeres que se niegan a desaparecer
A pesar de las restricciones, las mujeres afganas continúan buscando formas de estudiar, trabajar, expresarse y defender sus derechos. Algunas participan en iniciativas comunitarias y educativas, mientras otras mantienen sus actividades profesionales desde espacios donde pueden hacerlo.
La realidad de Afganistán muestra que la desigualdad no se limita a una diferencia de ingresos o de oportunidades laborales. Cuando se restringe el acceso de las mujeres a la educación, al empleo y a la vida pública, también se limita su capacidad para decidir sobre su propio futuro.
Cuatro años después del regreso de los talibanes al poder, la pregunta sigue siendo cuánto tiempo podrá una generación de niñas y mujeres permanecer apartada de derechos fundamentales como estudiar, trabajar y participar plenamente en la sociedad.
Para ellas, el problema no es solamente no poder entrar a una universidad o conseguir un empleo. Es crecer en un país donde sus posibilidades de elegir cómo vivir se han ido reduciendo.



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