
CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- Por: Esmildry Rodríguez Medrano
En el ámbito profesional, especialmente en negocios y derecho, la capacidad de aprender constantemente marca la diferencia entre avanzar o quedarse estático. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el proceso de aprendizaje nos coloca en una posición de aparente torpeza? Muchas veces se cree que el conocimiento previo debería bastar, pero la realidad es que cada nueva destreza exige humildad, disposición y la valentía de desaprender. Esta fase inicial no es un retroceso, sino un terreno fértil donde lo adquirido encuentra nuevas formas de expresión.
En este sentido, desaprender puede resultar más desafiante que adquirir algo inédito. En el mundo corporativo, se observa cómo algunas prácticas tradicionales es importante que puedan dejar paso a métodos más eficientes. Un abogado que transita hacia la gestión empresarial, por ejemplo, no abandona sus bases jurídicas, sino que las reinterpreta bajo un enfoque práctico. Esa incomodidad inicial suele ser señal de crecimiento, porque obliga a cuestionar esquemas rígidos y abrir espacio a perspectivas más productivas.
De igual forma, permitirse sentir inseguridad frente a lo desconocido no resta capacidad, sino que amplía la visión de futuro. En los negocios, la innovación se alimenta de quienes se atreven a practicar, fallar y corregir hasta alcanzar la destreza. Esa dinámica transforma la sensación de incapacidad en dominio progresivo. El capital más valioso de un profesional no está en evitar las caídas, sino en saber convertir cada tropiezo en una oportunidad de ajuste.
Por consiguiente, es significativo reconocer que en la mayoría de casos el aprendizaje no parte desde cero. La experiencia adquirida en distintas áreas se convierte en un soporte para lo nuevo. Quien domina la negociación, por ejemplo, encontrará herramientas útiles al incursionar en el liderazgo de equipos; de igual manera, quien comprende la técnica jurídica podrá aplicarla en el análisis estratégico de proyectos comerciales. La interconexión entre materias ofrece seguridad en el tránsito hacia otras disciplinas.
En síntesis, aprender lo bueno no solo exige conocimiento, sino también paciencia con el propio proceso. Los profesionales que se conceden el permiso de ser principiantes en un campo distinto descubren que lo acumulado no se pierde, sino que se reinventa. Ese ejercicio de desaprender y reaprender fortalece la adaptabilidad, cualidad esencial en un entorno empresarial y legal cada vez más cambiante. La verdadera maestría no está en dominar un área de manera aislada, sino en la capacidad de integrar lo aprendido para abrir nuevas posibilidades de crecimiento.

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