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Opinión

La humanización del discurso penal como estrategia de litigación

CAFE DIARIO.- Después de años en sala de audiencias he aprendido algo esencial: el juez escucha normas, pero falla sobre personas.

Muchos abogados entienden que litigar es citar artículos, recitar jurisprudencia y conducir el discurso hacia el tecnicismo. Esto es necesario, necedad sería decir lo contrario, pero no es suficiente. El derecho es estructura, sí; pero la decisión judicial es producida por un ser humano y en un escenario profundamente humano.

En nuestros tribunales es común escuchar exposiciones impecables desde la perspectiva técnica, pero narrativas simplistas y desconectadas de la dimensión humana del conflicto. Argumentos correctos, pero inertes; oratorias bien fundamentadas, pero incapaces de generar verdadero impacto.

El caso que encabeza este artículo trataba de una menor de nueve años de edad, forzada por un desconocido, llevada a un espacio cerrado, colocada en una posición absoluta de vulnerabilidad y marcada por secuelas psicológicas permanentes. Sin embargo, toda esa realidad humana fue reducida, en audiencia, a una fórmula técnica: “fue abusada sexualmente”.

Es frecuente observar dominio del argumento racional, pero olvido de la conexión humana. Y de ninguna manera se trata de sentimentalismo. Lo que aquí se plantea es comprensión estratégica.

Diversos estudios en psicología cognitiva han demostrado que el ser humano no decide, en la mayoría de los casos, exclusivamente desde la lógica fría, sino desde un sistema intuitivo y emocional que influye en toda decisión. El juez no es ajeno a esa condición humana.

No pretendemos que la palabra “humanizar” se confunda con espectáculo. No es llorar en audiencia. No es exagerar sufrimientos. Mucho menos manipular. Humanizar es algo más sutil y más poderoso: es ponerle rostro al expediente.

La aparente simpleza de violar una cláusula contractual puede significar la frustración de un proyecto de vida. Una acusación penal, más allá del tipo, puede representar una reputación en juego. Una medida de coerción no es solo un acto procesal: es una limitación concreta de la vida cotidiana de alguien.

Cuando el juez logra visualizar esa dimensión humana, el expediente deja de ser papel y se convierte en realidad.

Todo proceso tiene una historia. El problema es que muchos abogados la fragmentan en citas legales y argumentos aislados que terminan por ocultar la esencia del caso. Una buena estrategia organiza el conflicto como lo que es: una historia con sentido y un relato jurídicamente bien estructurado.

Otra herramienta fundamental de la humanización es el lenguaje. No se trata de abandonar la técnica, sino de hacerla comprensible. La sala de audiencia no es un escenario para exhibir aforismos latinos ni palabras rebuscadas. Es un espacio donde se decide el destino de personas reales.

El abogado verdaderamente estratégico sabe cuándo utilizar precisión técnica y cuándo expresarse en términos claros y directos. Hablar con claridad no debilita el argumento; lo fortalece. La distancia innecesaria en el lenguaje puede generar desconexión. La claridad, en cambio, genera comprensión.

Humanizar el discurso es estrategia pura. Es comprender que el derecho se aplica por personas y para personas. Es equilibrar norma y realidad. Es mantener firmeza técnica sin olvidar que el conflicto que se expone es esencialmente humano.

Al final, la eficacia del litigante no reside en la acumulación de artículos citados ni en la sofisticación del vocabulario empleado, sino en lograr que el juez comprenda plenamente la historia que se le presenta y la valore en toda su dimensión.

Sobre el autor.

Omar Chapman es abogado litigante con formación en derecho penal, procesal penal y procesal civil. Ha realizado estudios especializados en técnica y destrezas de litigación en la Universidad de Puerto Rico, la California Western School of Law (San Diego) y programas de litigación penal avanzada en Chile. Ejerce activamente en los tribunales dominicanos.

 

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