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Opinión

La habilidad de ver lo que agrega valor

CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- En principio, suele asumirse que lo favorable en la vida depende en gran medida de circunstancias externas: oportunidades, contexto o incluso decisiones ajenas. No obstante, hay un elemento menos visible que influye de forma constante: la capacidad de notar aquello que ya está presente. ¿Y si lo valioso no escasea, sino que pasa inadvertido en medio de lo urgente? En la práctica, las personas tendemos a centrar la atención en lo pendiente, lo que falta o lo que aún no se ha materializado. Así, se construye una percepción donde lo constructivo pierde relevancia sin que exista una intención consciente.

Desde otra perspectiva, esta forma de interpretar la realidad tiene efectos directos en ámbitos como el derecho y los negocios. En el ejercicio jurídico, por ejemplo, es natural enfocarse en riesgos, contingencias y posibles incumplimientos; aun así, limitar el análisis a ese ángulo puede impedir visualizar soluciones viables o acuerdos beneficiosos. En el entorno empresarial, algo similar ocurre cuando se minimizan avances por concentrarse únicamente en lo que aún no se ha logrado. Esta inclinación no necesariamente responde a falta de juicio, sino a un hábito de observación que prioriza lo que preocupa por encima de lo que funciona.

Ahora bien, desarrollar la capacidad de notar lo favorable no implica desconocer dificultades ni suavizar situaciones complejas. Se trata, más bien, de ampliar el enfoque con el que se evalúan los escenarios. En la práctica profesional, esto puede traducirse en identificar oportunidades dentro de conflictos, puntos de coincidencia en negociaciones o alternativas estratégicas que no eran evidentes en un primer análisis. En la vida cotidiana, puede manifestarse al reconocer avances, aprendizajes o incluso momentos de estabilidad que suelen darse por sentados. Este ejercicio no elimina los retos, pero sí modifica la forma en que se enfrentan.

A partir de ahí, surge una inquietud razonable: ¿cómo entrenar esa habilidad sin caer en discursos superficiales? La respuesta podría encontrarse en la observación intencional y basada en hechos. No se trata de forzar una visión optimista, sino de equilibrar la interpretación. Por ejemplo, al evaluar una situación compleja, además de identificar los puntos críticos, puede resultar útil reconocer qué elementos están funcionando y cómo pueden aprovecharse. Este tipo de análisis no solo aporta mayor profundidad, sino que también permite tomar decisiones más completas.

En conclusión, la cantidad de aspectos positivos que alguien percibe no siempre depende de lo que ocurre, sino de la disposición para reconocerlo. Esto no implica negar la existencia de dificultades ni asumir que todo es favorable, sino entender que la atención actúa como un filtro determinante. La mayoría podría beneficiarse de ajustar ese enfoque sin abandonar la sensatez ni la prudencia. Al final, más allá de las circunstancias, la experiencia que se construye guarda una relación directa con aquello que se es capaz de notar.

Por: Esmildry Rodríguez Medrano

 

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