
CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO. – El 4 de enero de 1985, la ciudad de Santo Domingo fue escenario de un crimen que estremeció a la opinión pública y cuyas sombras persisten hasta hoy, cuatro décadas después. Las vidas de Héctor Méndez, destacado empresario de casas de cambio, y Napoleón Reyes, chofer y padre de familia, fueron brutalmente arrebatadas en circunstancias que, pese a los esfuerzos, nunca se han esclarecido del todo.
Héctor Méndez, un hombre de 31 años, reconocido por su inteligencia para los negocios y su estilo de vida ostentoso, fue visto por última vez al llegar a su apartamento en la avenida Francia. Aquella noche, varios hombres disfrazados de policías lo interceptaron. Napoleón Reyes, de 51 años, quien casualmente se encontraba en el lugar conduciendo un autobús de turismo, también fue forzado a subir al Mercedes rojo de Méndez. La escena inicial dejó pistas inquietantes: el vehículo de Reyes seguía encendido y con la puerta abierta.
Dos días después, los cuerpos de Méndez y Reyes fueron encontrados en un matorral del sector Los Frailes. Ambos presentaban signos de tortura y golpes severos. Méndez tenía mutilaciones y rastros de un violento forcejeo, mientras que Reyes fue hallado con heridas de bala. En la escena también se encontraron fragmentos de vidrio, lo que sugería una lucha desesperada.
Las investigaciones apuntaron inicialmente al grupo denominado Comando de la Libertad, cuyos integrantes confesaron haber asesinado a Méndez y Reyes tras un intento fallido de extorsión. Sin embargo, las contradicciones en los testimonios y la liberación de los acusados bajo fianza sembraron dudas entre los familiares, quienes sospecharon de un encubrimiento por parte de sectores vinculados al gobierno de Salvador Jorge Blanco.
Descrito como un "enfant terrible" de los negocios, Méndez tenía una habilidad única para prever el movimiento del dólar, pero también generaba controversia entre sus colegas. Su estilo de vida era tan llamativo como arriesgado: portaba joyas valoradas en más de 100,000 pesos y nunca utilizó escoltas. Algunos familiares afirmaron que su negativa a ceder ante chantajes podría haberle costado la vida.
La madre de Méndez, Lucía Báez viuda Méndez, falleció el mismo año tras meses de deterioro emocional por la pérdida de su hijo. Mientras tanto, la familia Reyes quedó devastada y sin respuestas claras. “Las personas que han cometido este hecho deben saber que la familia Reyes está consternada por este acto inhumano”, declaró Ricarda Reyes, madre de Napoleón.
Las interrogantes que persisten
La historia de Héctor Méndez y Napoleón Reyes está plagada de inconsistencias y lagunas. A pesar de las confesiones y los arrestos, los verdaderos responsables podrían haber escapado de la justicia. Como señala el periodista Ramón Urbáez: “Será difícil que el caso Méndez se investigue de nuevo, pero siempre será un enigma que nos recordará que estas tragedias no deben repetirse”.
Hoy, la tumba de Héctor Méndez en el Cementerio Nacional Máximo Gómez mantiene la inscripción “Vilmente asesinado”, como un recordatorio de una herida que, a 40 años, sigue abierta en la memoria colectiva de la República Dominicana



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