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Opinión

El injusto estándar de la perfección

CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- Por: Esmildry Rodríguez Medrano

En muchos espacios, la perfección se presenta como la meta más alta a la que deberíamos aspirar. Sin embargo, cuando se convierte en una condición para empezar, puede transformarse en una exigencia desproporcionada. ¿Cuántas veces dejamos algo pendiente porque sentimos que no está listo al cien por ciento? La mayoría hemos postergado una decisión, un proyecto o un cambio personal por no cumplir con un ideal inalcanzable. Así, lo que parecía una búsqueda de excelencia termina siendo una barrera silenciosa.

En este sentido, en el ámbito corporativo esta presión se refleja en equipos que retrasan entregas por querer que todo sea impecable. En el ámbito jurídico, por ejemplo, un contrato puede revisarse una y otra vez con la intención de que no tenga ninguna falla, aun cuando ya cumple con los estándares técnicos necesarios. Esa actitud nace del compromiso profesional, pero también puede afectar la eficiencia y las oportunidades. En negocios, llegar a tiempo con un trabajo bien hecho suele ser más valioso que presentar algo extraordinario fuera de plazo. Sustituir la obsesión por el detalle absoluto por criterios razonables de calidad puede marcar la diferencia.

Asimismo, en la vida cotidiana ocurre algo parecido cuando intentamos crear hábitos. Algunas personas creen que para iniciar deben contar con la rutina ideal, el horario perfecto o la motivación completa. No obstante, comenzar con un esfuerzo pequeño, aunque parezca insignificante, tiene un impacto profundo. Leer cinco páginas al día, caminar quince minutos o estudiar un concepto legal cada jornada puede generar constancia. Ese mínimo porcentaje sostenido es más poderoso de lo que solemos reconocer.

De igual forma, una solución práctica consiste en dividir las metas en etapas progresivas. En lugar de esperar condiciones ideales, conviene definir un punto de partida sencillo y realista. En derecho, esto puede significar estructurar un primer borrador sólido y luego perfeccionarlo mediante revisiones estratégicas. En la empresa, implica trabajar por entregas parciales que se ajustan sobre la marcha. En lo personal, supone aceptar que el crecimiento se construye paso a paso, no de manera abrupta.

En síntesis, aspirar a altos estándares es positivo, pero convertirlos en requisito previo puede resultar injusto con nosotros mismos. La mayoría de los logros visibles comenzaron con acciones modestas repetidas con disciplina. Dar un porcentaje básico hoy crea el hábito que permitirá escalar mañana. Tal vez el verdadero avance no consista en hacerlo perfecto desde el inicio, sino en comenzar, sostener y mejorar con el tiempo.

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