
Santo Domingo.– La economía dominicana continúa mostrando indicadores positivos de crecimiento y una sólida capacidad de recaudación fiscal. Sin embargo, el aumento de la carga tributaria para algunos sectores y el elevado costo de vida mantienen abierto el debate sobre el impacto de estas medidas en el bolsillo de los ciudadanos y en la competitividad de las empresas.
Durante el primer cuatrimestre de 2026, la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) reportó un crecimiento de las recaudaciones, impulsado principalmente por el Impuesto sobre la Renta (ISR), el ITBIS y los impuestos a los activos, superando incluso las metas presupuestarias establecidas por el Gobierno.
En las últimas semanas también entraron en vigor cambios contemplados en la nueva legislación fiscal, que incluyen modificaciones en el Impuesto sobre la Renta para determinados contribuyentes, nuevas reglas para empresas de gran tamaño y ajustes a diversos aspectos del sistema tributario, como parte de un plan orientado a fortalecer los ingresos del Estado.
Aunque las autoridades sostienen que estas medidas buscan garantizar recursos para financiar servicios públicos e incentivar el crecimiento económico, diversos economistas consideran que el principal desafío será evitar que el incremento de la presión fiscal afecte el consumo, la inversión y el poder adquisitivo de las familias.
A esto se suma el aumento sostenido de los gastos cotidianos en alimentos, transporte, energía y otros bienes y servicios, una realidad que ha llevado a muchos hogares a reorganizar sus presupuestos para hacer frente a sus compromisos financieros.
Especialistas coinciden en que el fortalecimiento de las finanzas públicas debe ir acompañado de políticas que impulsen la generación de empleos, el crecimiento de la inversión privada y el control de la inflación, con el objetivo de que el desarrollo económico también se refleje en una mejora del poder de compra de la población.

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