
CAFE DIARIO, SANTO DOMINGO.- La posverdad es uno de los fenómenos más inquietantes de nuestra era. El término fue acuñado en 1992 por Steve Tesich, quien, al reflexionar sobre los conflictos entre Irak e Irán, escribió una frase demoledora: “Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo de posverdad”.
Con ello lamentaba que la sociedad comenzara a rechazar las verdades incómodas y a preferir relatos que confirmaran emociones, identidades o intereses, aunque fueran falsos.
Hoy, con la democratización de la información a través de redes sociales y plataformas digitales, cualquiera puede emitir un mensaje capaz de alcanzar a millones. Eso, en principio, es un avance extraordinario: más voces, más acceso, más participación. Pero también implica un riesgo: cuando la emoción pesa más que la evidencia, la mentira puede circular con la misma —o mayor— fuerza que la verdad.



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