Médula ósea: cómo funciona y qué señales pueden advertir problemas
CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- En el interior de los huesos se encuentra la médula ósea, un tejido encargado de producir de manera constante las células de la sangre que transportan oxígeno, combaten infecciones y participan en la coagulación.
Aunque suele asociarse principalmente con trasplantes o enfermedades graves, la médula ósea cumple funciones esenciales todos los días. La Ohio State University explica cómo trabaja este tejido, qué alteraciones pueden afectar su funcionamiento y cuáles señales pueden justificar una evaluación médica.
La médula ósea tiene una textura esponjosa y ocupa el espacio interno de los huesos. Aunque está distribuida por todo el esqueleto, se encuentra en mayor proporción en zonas como la cadera.
En este tejido se encuentran las células madre, responsables de originar los principales componentes de la sangre: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas.
Como estas células tienen una vida limitada, el organismo necesita renovarlas continuamente. Cuando esa producción disminuye o se altera, pueden verse afectadas varias funciones del cuerpo al mismo tiempo.
Una falla en este proceso puede provocar menor transporte de oxígeno, debilitamiento de las defensas o mayor facilidad para presentar sangrados.
Cada célula cumple una función distinta
Los glóbulos rojos son responsables de transportar oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos. Cuando disminuyen de manera significativa puede aparecer anemia, acompañada de cansancio, debilidad, mareos o falta de aire.
Los glóbulos blancos, por su parte, intervienen en la respuesta del organismo frente a las infecciones. Entre ellos, los neutrófilos actúan principalmente contra bacterias, mientras que los linfocitos B y T participan especialmente en la defensa ante virus.
Los linfocitos también cumplen una función de memoria, lo que permite al organismo responder de manera más eficiente frente a infecciones que ya ha enfrentado y ante determinados agentes incluidos en las vacunas.
Las plaquetas ayudan a detener las hemorragias al agruparse cuando ocurre una lesión y formar un coágulo. Una cantidad insuficiente puede provocar moretones frecuentes, sangrado de encías o nariz y pequeños puntos rojizos o violáceos en la piel.
La médula cambia con la edad
La cantidad de tejido encargado de producir células sanguíneas disminuye progresivamente con el paso de los años. Durante la infancia, gran parte de la médula conserva esta capacidad.
Con el tiempo, una parte de ese tejido es sustituida por grasa. La porción activa se conoce como médula roja, mientras que la que contiene una mayor cantidad de grasa recibe el nombre de médula amarilla.
Como referencia general, los especialistas estiman la proporción de médula activa restando la edad de la persona a 100. Así, a los 40 años, alrededor del 60 % de la médula podría conservar actividad productora, aunque se trata de una aproximación.
Este cambio forma parte del envejecimiento normal y no significa por sí solo que exista una enfermedad.
Enfermedades pueden alterar la producción de sangre
Entre los trastornos que pueden afectar la médula ósea se encuentran algunos cánceres de la sangre, como las leucemias y los linfomas. En estos casos, determinadas células pueden multiplicarse de forma anormal o no alcanzar una maduración adecuada.
También existen enfermedades hereditarias relacionadas con alteraciones genéticas, algunas de las cuales aparecen durante la infancia.
Otros problemas pueden surgir a lo largo de la vida como consecuencia de infecciones, determinados medicamentos o alteraciones del sistema inmunitario, aunque en ocasiones no se logra identificar una causa concreta.
Las infecciones frecuentes, cansancio persistente, falta de aire, aparición fácil de moretones o sangrados sin explicación pueden ser señales que justifiquen una consulta médica, aunque por sí solas no confirman un problema en la médula ósea.
El hemograma puede detectar alteraciones
El hemograma es uno de los primeros estudios utilizados para evaluar la cantidad y las características de las células sanguíneas. Un resultado fuera de los valores esperados puede orientar al médico hacia la necesidad de realizar pruebas adicionales.
Cuando existen sospechas de una alteración en la médula, puede indicarse una biopsia, procedimiento mediante el cual se extrae una pequeña muestra, generalmente del hueso de la cadera, para analizarla en un laboratorio.
Algunas enfermedades también pueden detectarse mediante pruebas de sangre y estudios genéticos, dependiendo de los síntomas, los antecedentes y la evaluación médica.
El tratamiento varía según la causa y puede incluir desde el control de infecciones o suspensión de medicamentos hasta transfusiones, fármacos para regular el sistema inmunitario, quimioterapia o terapias dirigidas.
Trasplantes pueden utilizar células obtenidas de la sangre
El trasplante de células madre puede convertirse en una alternativa cuando la médula deja de funcionar adecuadamente o ante determinados tipos de cáncer de la sangre.
Aunque tradicionalmente se habla de trasplante de médula ósea, muchos procedimientos actuales utilizan células madre obtenidas directamente de la circulación sanguínea del donante.
Para recolectarlas, se administran medicamentos que estimulan temporalmente la salida de las células madre desde los huesos hacia la sangre. Posteriormente, estas pueden ser extraídas mediante un proceso parecido a una donación.
La evaluación temprana permite determinar la disponibilidad de donantes y establecer qué tipo de procedimiento resulta más adecuado para cada paciente.
La alimentación también influye
Una alimentación equilibrada y variada contribuye a mantener una producción normal de células sanguíneas. La deficiencia de hierro, ácido fólico o vitamina B12 puede generar síntomas similares a los de algunos trastornos de la médula.
Los especialistas recomiendan consultar antes de consumir suplementos, debido a que el exceso de determinados nutrientes también puede provocar efectos adversos.
Ante síntomas persistentes o alteraciones en los análisis de sangre, la recomendación es acudir a un profesional de la salud, quien podrá determinar si es necesario realizar estudios específicos de la médula ósea.
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