Periódico Café Diario
Opinión

Código Penal 2026: la ley cambió. Falta ver si la justicia también

CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO.- Después de 141 años, la República Dominicana, este 03 de agosto 2026 estrena un nuevo Código Penal. La reforma era necesaria. Lo que aún está por verse es si la justicia dominicana está preparada para aplicarla con la misma modernidad que promete el texto legal. 

Durante más de un siglo, el país vivió bajo un Código Penal promulgado en 1884, una legislación concebida para un país que no conocía el internet, redes sociales, delitos cibernéticos, crimen organizado transnacional ni muchas de las formas modernas de violencia que hoy ocupan titulares y tribunales. Con la entrada en vigor de la Ley 74-25, una reforma largamente debatida y repetidamente pospuesta que finalmente sustituye una norma que había quedado rezagada frente a la realidad del siglo XXI, se busca enfrentar todas esas innovaciones criminales y se incorpora más de 70 delitos que antes no estaban tipificados o carecían de herramientas legales eficaces para su persecución. Feminicidio, sicariato, desaparición forzada, violencia económica, genocidio y delitos informáticos forman parte de una actualización que muchos juristas consideraban impostergable.

También endurece penas, amplía mecanismos de persecución penal y busca fortalecer la capacidad del Estado para responder a fenómenos criminales cada vez más complejos. Su principal fortaleza radica precisamente en su actualización. Reconoce nuevas formas de criminalidad, adapta las sanciones a la realidad actual y procura ofrecer respuestas jurídicas donde antes existían limitaciones evidentes. En términos institucionales, representa probablemente la transformación penal más importante de las últimas generaciones.

Toda reforma de gran alcance trae consigo cuestionamientos legítimos. Diversos sectores de la sociedad han expresado inquietudes sobre disposiciones relacionadas con la libertad de expresión, la difamación y ciertos artículos cuya redacción ha sido señalada como excesivamente amplia o susceptible de interpretaciones distintas. Cuando una ley penal utiliza conceptos abiertos o poco definidos, el riesgo deja de residir únicamente en el texto y pasa a depender de quien tenga el poder de interpretarlo.

La historia jurídica internacional está llena de ejemplos donde disposiciones ambiguas terminaron aplicándose de forma desigual, selectiva o contradictoria.

Existe una tendencia recurrente en las democracias modernas: celebrar la aprobación de una ley como si la aprobación misma fuera la solución definitiva.

Pero ninguna ley transforma una sociedad por sí sola.

Las leyes no administran justicia.

Las personas sí.

Será cuando un ciudadano común y una persona con poder económico o político enfrenten la misma norma.

Será cuando un tribunal tenga que decidir entre proteger derechos o ceder ante presiones.

Será cuando la justicia deba demostrar que la ley tiene el mismo alcance para todos los sectores de la sociedad.

Porque la igualdad ante la ley no se proclama, la ley debe proteger, no intimidar, existe para proteger a los ciudadanos de quienes le violan sus derechos, abusan o intimidan con uso arbitrario del poder.

La prueba definitiva de este nuevo Código Penal no estará en su modificaciones , inclusión de nuevos articulo o nuevas sanciones , sino en su aplicación: cuando la imparcialidad rige, la democracia se fortalece; cuando la selectividad decide, la confianza pública se erosiona; y mientras sigamos viendo cómo quien roba millones encuentra la manera de salir libre y quien roba por hambre paga meses de cárcel, la justicia no estará cumpliendo su misión, sino sirviendo a los mismos privilegios que dice combatir.

En definitiva, la Ley 74-25 representa un paso importante hacia la modernización del sistema penal dominicano, con nuevos delitos tipificados y herramientas más acordes con los desafíos actuales. Sin embargo, su verdadero valor no dependerá de la severidad de las penas, sino de la imparcialidad con que sea aplicada.

Una justicia verdaderamente efectiva no se construye sobre el miedo, sino sobre la prevención, la educación, el respeto a los derechos fundamentales y la igualdad ante la ley. El éxito de este nuevo Código se medirá por su capacidad para fortalecer una justicia independiente, libre de abusos, privilegios y persecuciones, donde la Constitución sea la guía y la ley se aplique con el mismo rigor para todos.

El verdadero Estado de derecho comienza cuando la ley alcanza con la misma firmeza al poderoso y al humilde; cuando protege derechos en lugar de sembrar miedo, y cuando la justicia sirve a la verdad, no a los intereses de turno.

 

 

No Comments yet!

Your Email address will not be published.