
Santo Domingo.– Aunque para muchos el sol de la mañana es sinónimo de energía y comienzo del día, para otros puede resultar una molestia inmediata al despertar. Diversos especialistas explican que esta reacción se debe a cómo funciona el sistema visual y neurológico del cuerpo humano.
Durante el sueño, las pupilas permanecen relajadas y el entorno visual se encuentra en completa oscuridad.
Al abrir los ojos de manera repentina frente a una luz intensa —como el sol entrando por las ventanas— el cambio brusco obliga a las pupilas a contraerse rápidamente, lo que genera incomodidad, lagrimeo e incluso dolor momentáneo.
A esto se suma que, en las primeras horas del día, el organismo aún se encuentra en transición entre los niveles de melatonina (la hormona del sueño) y cortisol (la hormona de la activación), lo que hace que los sentidos estén más sensibles.
Especialistas también señalan que personas con migrañas, ojos claros o algún grado de fotofobia suelen experimentar una molestia más intensa ante la exposición súbita a la luz natural.
Aunque la sensibilidad matutina a la luz es completamente normal, se recomienda abrir las cortinas de forma gradual, permitir que los ojos se adapten lentamente y evitar mirar directamente hacia la fuente de luz para reducir la incomodidad.

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