


CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO. – Más que un simple suplemento o una fruta cítrica en la mesa, la vitamina C ha sido protagonista en la historia de la medicina y continúa siendo un nutriente esencial para la salud humana.
Su importancia se remonta a 1747, cuando el médico escocés James Lind realizó uno de los primeros ensayos clínicos documentados en la ciencia médica. A bordo de la Marina Real británica, Lind dividió a doce marineros con síntomas de escorbuto —enfermedad mortal provocada por la falta de vitamina C— y probó distintos remedios, desde vinagre hasta agua de mar. Los únicos que mejoraron fueron aquellos a los que les dio dos naranjas y un limón al día, lo que permitió demostrar que los cítricos eran clave para combatir la enfermedad que diezmaba a los navegantes.
Aunque el ácido ascórbico no fue identificado sino hasta 1912, aislado en 1928 y producido químicamente en 1933, su hallazgo marcó un antes y un después en la nutrición y en la prevención de enfermedades.
Hoy se sabe que la vitamina C favorece la cicatrización de heridas, fortalece huesos, vasos sanguíneos, cartílagos y piel, y facilita la absorción del hierro. Además, estimula el sistema inmunológico y, gracias a su poder antioxidante, ayuda a proteger al organismo de enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
Los expertos recomiendan un consumo diario de 75 mg en mujeres y 90 mg en hombres, aunque advierten que no debe superarse el límite de 2.000 mg por día, pues el exceso puede ser contraproducente.
Más allá de las naranjas
Aunque los cítricos son la fuente más popular, existen frutas con niveles de vitamina C muy superiores. Entre ellas destacan:
- Kakadu (Australia), considerada la fruta con mayor concentración en el mundo, con hasta 3.150 mg/100 g.
- Camu camu (Amazonas), con hasta 3.000 mg/100 g, usado en jugos, helados y remedios tradicionales.
- Acerola (Caribe y América del Sur), con alrededor de 1.700 mg/100 g, consumida fresca o en suplementos.
- Escaramujo (Europa y Asia), con hasta 1.300 mg/100 g, clave durante la Segunda Guerra Mundial como sustituto de cítricos.
- Grosella india (Asia), con hasta 720 mg/100 g, valorada en la medicina ayurvédica por su estabilidad vitamínica.
- Baobab (África), con cerca de 495 mg/100 g en pulpa deshidratada, conocido como “el árbol de la vida”.
- Guayaba (América Latina y Asia), con hasta 500 mg/100 g, cinco veces más que una naranja.
Otras frutas como la grosella negra, el kiwi, la papaya, la fresa y la piña también ofrecen un aporte significativo.
La clave, según especialistas en nutrición, está en mantener un consumo variado y diario, ya que el cuerpo humano no produce ni almacena vitamina C, al ser hidrosoluble.
De remedio naval a esencial cotidiano
La recomendación de Lind de incluir cítricos frescos en la dieta de los marineros británicos permitió erradicar el escorbuto de la Armada y abrió la puerta a uno de los descubrimientos más trascendentales en la ciencia médica.
Hoy, tres siglos después, la vitamina C sigue siendo un aliado indispensable para la salud, no solo en cítricos, sino también en una diversidad de frutas exóticas y tradicionales que refuerzan la dieta diaria.
No Comments yet!