
CAFÉ DIARIO, EE.UU.- La industria alimentaria y la Administración de Trump se han volcado con la tendencia -que resuena en las redes sociales- de animar a la gente a comer más proteína para ganar músculo y perder peso.
Cadenas de cafeterías como Starbucks han lanzado cafés y tés con leche reforzados con proteína de suero, así como marcas de aperitivos que presentan palomitas y pretzels enriquecidos con proteína.
"No estoy segura de dónde empezó exactamente esta fascinación reciente o cómo se contagió en redes", dice a EFE la doctora Andrea Deierlein, directora de Nutrición de Salud Pública en la Universidad de Nueva York, quien señala que en su Instagram aparecen "muchísimas personas, desde médicos hasta expertos en nutrición, hablando de la proteína".
Según la experta, las ingestas altas en proteínas suelen ser algo recurrente y popular en muchos patrones dietéticos que se vuelven tendencia.
En un artículo de 1933 publicado en The Times, un médico anunció que una dieta alta en proteínas con abundante carne magra era saciante y eficaz para bajar de peso, teoría que resuena con fuerza en las redes a día de hoy.
Varios estudios apuntan que las dietas ricas en proteínas aumentan los niveles de hormonas como la GLP-1, que ayudan a la saciedad. No obstante, Deierlein destaca que falta información sobre los efectos de estas dietas a largo plazo.
Hasta el Gobierno de Estados Unidos ha dado un giro a sus recomendaciones nutricionales con la publicación de las nuevas 'Guías Alimentarias', que entierran la tradicional pirámide alimentaria para priorizar el consumo de proteínas de alta calidad, lácteos enteros y grasas naturales.
Bajo el lema de "terminar con la guerra a la proteína", las directrices presentadas por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., establecen un nuevo objetivo de ingesta de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, un objetivo que alcanza "el estadounidense promedio", de acuerdo con Deierlein.

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