
Por: Esmildry Rodríguez Medrano
CAFE DIARIO, SANTO DOMINGO.- En estos días intermedios, cuando el calendario avanza más rápido que las decisiones, muchas personas regresan a sus rutinas con una sensación difícil de definir. No es entusiasmo ni agotamiento absoluto, sino una mezcla de ambos. El ruido de las celebraciones baja y aparece un espacio mental distinto. Ese intervalo suele decir más sobre el año vivido que cualquier brindis.
Desde la vida cotidiana, el derecho y los negocios también entran en pausa simbólica. Los correos disminuyen, las agendas se alivianan y las urgencias pierden intensidad. Es precisamente ahí donde surgen las preguntas relevantes. ¿Qué acuerdos funcionaron?, ¿qué decisiones se tomaron por inercia?, ¿qué procesos merecen otra lectura? Ese momento resulta incómodo, aunque profundamente útil.
En una escena habitual, un profesional revisa documentos sin prisa, no para cerrarlos, sino para entenderlos mejor. Al releer cláusulas, recuerda negociaciones tensas, silencios pensados y concesiones necesarias. No todo salió como se esperaba, pero casi todo dejó una enseñanza. Agradecer, en ese contexto, no implica celebrar resultados, sino reconocer el camino recorrido. Incluso los desaciertos aportaron.
A partir de esa revisión, resignificar se vuelve una herramienta práctica, no emocional. En los negocios, reinterpretar experiencias evita repetir decisiones poco meditadas. En el derecho, analizar nuevamente lo ocurrido fortalece el criterio y la prudencia futura. Lo que antes se percibió como tropiezo puede convertirse en referencia. Ese cambio de enfoque no borra lo vivido, pero le da dirección.
De manera similar, en la vida personal ocurre algo parecido. Conversaciones pendientes, límites no trazados o silencios prolongados también piden una nueva lectura. No todo se resuelve cerrando ciclos de forma abrupta. A veces basta con comprender qué enseñó cada etapa. Ese ejercicio interno ordena más que cualquier lista de propósitos.
Por consiguiente, este espacio entre cierres y comienzos no exige decisiones inmediatas. La mayoría de los procesos, legales o vitales, se benefician de una pausa consciente. Agradecer lo aprendido y resignificar lo pendiente permite avanzar con mayor coherencia. No se trata de detenerse, sino de ajustar el rumbo.
En síntesis, cuando el nuevo año llegue con su ritmo habitual, quienes hicieron esa pausa interna lo notarán. Las acciones suelen ser más firmes, los acuerdos más meditados y las expectativas más realistas. Entre cierres y comienzos, la reflexión silenciosa se convierte en una ventaja. Y eso, tanto en el derecho como en los negocios y la vida diaria, marca una diferencia sostenible.

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