
Santo Domingo, RD. – Lacio, ondulado, rizado o afro: el pelo puede presentarse en distintas formas, texturas y grosores. Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué no todas las personas tienen el mismo tipo de pelo?
La respuesta está principalmente en la genética. La forma del folículo piloso, es decir, la estructura de la piel desde donde nace cada cabello, influye directamente en la forma que tendrá la hebra.
Cuando el folículo es más redondeado, el pelo tiende a crecer de manera más recta. En cambio, los folículos con una forma más ovalada o curva pueden producir cabellos ondulados o rizados. Mientras más pronunciada sea esa curvatura, mayor puede ser el patrón de rizo.
También intervienen factores como la distribución de proteínas dentro de la fibra capilar, el grosor de la hebra y las características de la cutícula. A esto se suman factores ambientales y el cuidado que recibe el cabello, que pueden modificar su apariencia, aunque no cambian por completo el patrón natural determinado por la genética.
Los tipos de pelo suelen clasificarse, de manera general, en lacio, ondulado, rizado y muy rizado o afro, aunque dentro de cada categoría existen numerosas variaciones.
La diversidad de texturas es resultado de la combinación de características genéticas que se han transmitido entre generaciones y de la adaptación de las poblaciones humanas a distintos ambientes a lo largo de la historia.
Por eso, hablar de tipos de pelo no se trata de establecer cuál es mejor o peor, sino de entender que cada textura tiene características y necesidades de cuidado diferentes.
Conocer el propio tipo de pelo permite elegir productos, técnicas de cuidado y estilos que ayuden a mantenerlo saludable y aprovechar su textura natural.



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