
Por Enemencio Herrera
CAFE DIARIO, OPINION.- El triángulo del fraude es la herramienta clásica de la auditoría forense para explicar por qué una persona “normal” termina cometiendo un delito financiero. Desde 1953, Donald Cressey demostró que para que ocurra un fraude deben alinearse tres elementos: presión, oportunidad y racionalización. Durante décadas se usó como un checklist de control interno.
Pero el modelo se queda corto si no entendemos qué pasa dentro de la mente de quien cruza la línea. Aquí es donde entra Sigmund Freud. Su teoría de la psique dividida en Ello, Yo y Superyó funciona como un mapa del motor interno que mueve cada vértice del triángulo. La presión es el Ello exigiendo alivio inmediato, la oportunidad aparece cuando el Yo pierde herramientas para resistir, y la racionalización es el Superyó reescribiendo la historia para evitar la culpa.
Esta lectura psicoanalítica cambia el enfoque de la prevención: deja de buscar solo “malas manzanas” y empieza a mirar el huerto completo. En esta introducción vas a entender cómo el fraude es, en el fondo, un síntoma de un conflicto psíquico no resuelto, y por qué la auditoría forense gana más fuerza cuando incorpora la psicología detrás del delito.
Estructura conceptual
El triángulo del fraude explica por qué una persona de confianza comete fraude ocupacional. Tiene 3 vértices que deben coincidir:
1. Presión / Incentivo
Es la motivación que empuja al fraude. Suele ser financiera: deudas, adicciones, estilo de vida que no puede sostener con el salario, metas laborales imposibles. La presión puede ser percibida, no necesariamente real.
Pregunta clave: ¿Qué problema personal tiene la persona que el dinero podría “resolver”?
2. Oportunidad
Es la debilidad en los controles internos que permite cometer y ocultar el fraude sin ser detectado. Falta de segregación de funciones, controles débiles, supervisión ausente, acceso excesivo a sistemas.
Pregunta clave: ¿El sistema le da la puerta abierta y la llave?
3. Racionalización
Es el mecanismo mental que justifica el acto para evitar la culpa. “Me lo merezco”, “se lo roban a una empresa grande, no le hace daño”, “se lo devolveré después”, “todos lo hacen”. Transforma un acto ilegal en algo moralmente aceptable para el autor.
Pregunta clave: ¿Cómo se convence a sí mismo de que no es un criminal?
Si eliminas uno de los 3 vértices, el fraude no ocurre. Por eso la auditoría forense ataca los 3 frentes: reducir presiones laborales tóxicas, cerrar oportunidades con controles, y detectar señales de racionalización en el comportamiento.
Estructura conceptual de la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud
Freud propuso que la mente humana opera con 3 instancias psíquicas que interactúan constantemente y generan conflicto:
1. Ello / Id
Es la parte más primitiva e inconsciente. Opera bajo el principio del placer. Busca satisfacción inmediata de deseos, impulsos y necesidades sin considerar la realidad, la moral o las consecuencias. Es irracional y egoísta.
Equivalente: “Quiero el dinero ahora”.
2. Yo / Ego
Es la instancia consciente y racional que media entre el Ello y el mundo exterior. Opera bajo el principio de realidad. Evalúa riesgos, planea, retrasa la gratificación y busca soluciones aceptables socialmente. Es el “ejecutivo” de la psique.
Equivalente: “Si robo, me pueden despedir. Busco otra salida”.
3. Superyó / Superego
Es la conciencia moral internalizada. Se forma con las normas, valores y prohibiciones de los padres y la sociedad. Juzga y castiga con culpa o vergüenza. Opera bajo el principio moral.
Equivalente: “Robar está mal. Soy una buena persona”.
Consideraciones y aplicaciones
En mi dilatada en el ejercicio de la auditoria forense nunca me detuve a analizar una condición de cada uno de los perpetradores de los fraudes que he investigado, esta condición es la más visible, la que debe ser la mas notoria, evidente que jamás debería pasar por alto un auditor forense; esta es que el perpetrador es un ser humano, un ser sometido a las multitudes de presiones de la vida, las cuales van de un rincón a otro, de un escenario que puede ser familiar, empresarial, político, profesional o eclesiástico; es decir que cualquier ser humano convive diariamente con los sujeto que se plantean en los tres lados del triangulo del fraude, dijo el gran Publio Terencio Africano, dramaturgo romano del siglo II a.C. “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” que traducido del latín al castellano es : "Nada humano me es ajeno". Dicho lo anterior nos mueves a leer un poco y escribir algunas notas sobre como bajo la estructura de psicoanálisis de Freud se dan los tres supuestos del triangulo del Fraude planteado por Donald Cressey. En ese sentido hay que ver la sociedad de hoy en días y la carencia de valores en donde se ha invertido dicha escala. La pérdida de principios y valores en la sociedad actual se refleja en cómo el materialismo ha desplazado el sentido de lo esencial, convirtiendo el tener en sinónimo de ser. Hoy muchas personas miden su valor y buscan aceptación no por su coherencia ética o su aporte a los demás, sino por su capacidad de mostrar un estilo de vida aspiracional en redes, aunque ese reflejo sea superficial o financiado con deuda. Esta necesidad de encajar y ser validados externamente genera una presión constante: trabajar más horas, consumir más, aparentar más, mientras se postergan la familia, la salud mental y la honestidad consigo mismo. El resultado es una sociedad ansiosa, comparativa y moralmente flexible, donde lo correcto cede ante lo conveniente, y donde la identidad se construye más desde el aparentar que desde el ser, he aquí en donde llegar el principal punto de convergencia entre el psicoanálisis Freudiano y el triangulo del fraude de Cressey manifestado en lo siguiente: la descomposición social que se muestra al principio de este párrafos son el caldo de cultivo que evidencia la primera capa de la estructura mental humana, el ser animal sin razonamiento(homo eructus) que Freud llama el “ello”, esas necesidades primitivas buscan y presionan por satisfechas creando las condiciones para uno de los lados del triangulo del fraude que es la presión, este cuadro de presión a su vez colisiona con la parte del subconsciente del ser humano que es “super yo” en donde los principios morales, valores éticos y normas de buena convivencia que construyó cada individuo en su entorno social impulsan al “yo/ego” a elegir bien o mal, es decir a ejecutar una conducta irregular o elegir por el lado de la ética y la moral. En cuanto al triangulo del fraude inmediatamente se dan los postulados de presión el ser humano empiezas a buscar las oportunidades para desarrollar las actividades irregulares, evidentemente la racionalización del fraude opera conjuntamente con la capa mental del “super yo” buscando repuesta racional a la conducta lesivas. ¿Al final que la interrogante es el perpetrador un ser investido del mal o es un ser humano roto dañado por el sistema? Esta pregunta es retorica, debe cada lector responderla desde sus adentro. –
Conclusión
El análisis muestra que el triángulo del fraude deja de ser un simple checklist técnico cuando se lee a través del psicoanálisis de Freud. La presión corresponde al Ello exigiendo alivio inmediato ante necesidades financieras y sociales; la oportunidad aparece cuando el Yo, debilitado por controles internos deficientes y desgaste personal, pierde capacidad de mediar; y la racionalización es el Superyó negociando con la culpa para hacer aceptable lo inaceptable.
Este cruce explica por qué el fraude no es casi nunca obra de un “monstruo” aislado, sino el resultado de un conflicto psíquico activado por un entorno que premia el tener sobre el ser. La sociedad actual, marcada por el materialismo y la búsqueda de validación externa, alimenta ese Ello colectivo: presiona a los individuos a aparentar, endeudarse y competir, mientras erosiona los valores que sostienen al Superyó. En ese caldo de cultivo, la línea entre lo ético y lo conveniente se vuelve porosa.
Por tanto, la auditoría forense gana efectividad cuando deja de buscar solo fallas en los procesos y empieza a entender al perpetrador como un ser humano sometido a tensiones reales. Como decía Terencio, nada humano me es ajeno. La pregunta final no es si el autor es intrínsecamente malo, sino si el sistema y la sociedad le dieron las condiciones para romperse. Prevenir el fraude, entonces, implica fortalecer controles, sí, pero también reconstruir espacios donde el Yo pueda resistir y el Superyó no necesite reescribir la moral para sobrevivir.
El campo de trabajo de auditor forense es la mente de un ser humano que enfermó por las presiones de la vida, mente que diseña y se dedica a aprovechar las oportunidades para realizar conductas dañinas a la sociedad mediante la comisión de fraudes para luego justificarla mediante razonamiento tan sutiles que hasta parecen lógicos.

No Comments yet!