
CAFE DIARIO, SANTO DOMINGO.- El presidente ha hecho un llamado “al sacrificio es de todos” como eje de la política pública actual en esto tiempos difíciles y en momento de incertidumbre. Bajo ese planteamiento, el llamado del gobierno debe de ser de impulsar medidas de austeridad, control del gasto público, revisión de exenciones fiscales y propuestas como la reducción o eliminación del financiamiento gubernamental a los partidos políticos. El debate está servido: ¿responsabilidad nacional o riesgo social e institucional?
Desde la óptica del Estado, los sacrificios son necesarios para garantizar la sostenibilidad económica y la recaudación, ¿pero está bien dirigido? que siempre seamos el pueblo que lucha a diario por la falta de empleo estable y como parte más vulnerables, afectados por la desigualdad en la distribución del crecimiento económico y del gasto tributarios.
Asimismo, el Gobierno sostiene que muchas exenciones fiscales funcionan como privilegios regresivos que benefician solos a sectores de altos ingresos. Eliminarlas permitiría mejorar la recaudación sin subir impuestos generales, mientras se protege a los sectores vulnerables mediante transferencias monetarias focalizadas.
Sacrificios hagamos todos, empecemos recortando el financiamiento a los partidos políticos lo cual sería un gesto de responsabilidad y Prioridad social sobre el gasto político.
En contra del sacrificio la austeridad puede volverse regresiva, afectando más a los hogares pobres y a la clase media si no se aplican compensaciones reales y eficaces. El problema, señalan, no es el ajuste, sino quién termina pagándolo.
El país no solo necesita sacrificios, sino una mejor administración del dinero público. Es fundamental asegurar que los recursos del Estado se usen con responsabilidad, transparencia y eficiencia. Para lograrlo, se requiere un compromiso serio con la austeridad, donde todos aporten, eliminando privilegios y exenciones injustificadas, como paso necesario para una mayor equidad y justicia fiscal.
La austeridad no debe entenderse únicamente como restricción del gasto, sino como el uso responsable y eficiente de los recursos públicos, orientados a maximizar el bienestar colectivo. El sacrificio, por su parte, debe ser equitativo: no puede recaer siempre en los mismos sectores, sino distribuirse de manera proporcional a la capacidad económica de cada contribuyente.
Austeridad para el pueblo, festejo para un presupuesto mal administrado. Esta será legítima si es justa, transparente y orientada al bien común, y no si profundiza desigualdades o la inequidad del pueblo.

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