
Santo Domingo.– Con la llegada del invierno, muchas personas se preocupan al ver que sus plantas cambian de aspecto: hojas que se tornan amarillas, crecimiento más lento e incluso la impresión de que están “muriendo”. Sin embargo, especialistas explican que estos comportamientos son normales y forman parte del ciclo natural de adaptación a las bajas temperaturas.
Un metabolismo en pausa
Durante los meses fríos, la mayoría de las plantas —tanto de interior como de exterior— entran en un estado conocido como reposo vegetativo. Este proceso reduce su actividad metabólica para conservar energía.
“Las plantas no mueren en invierno; simplemente descansan”, señalan horticultores consultados por diversos centros botánicos de la región.
Ese reposo explica por qué las hojas se caen, por qué ya no brotan nuevos tallos y por qué se nota menos verdor. En especies tropicales, estos cambios pueden ser aún más marcados debido a que no están acostumbradas a temperaturas bajas.
Temperatura y humedad: las claves del cambio
Las temperaturas frías ralentizan la absorción de nutrientes y agua, por lo que regar con la misma frecuencia que en verano puede causar encharcamientos o pudriciones.
Además, la menor humedad del aire —provocada muchas veces por aires acondicionados o ventanas cerradas— reseca las hojas y afecta su color.
En el caso de plantas de exterior, el viento frío, el rocío helado y la reducción de luz solar transforman su apariencia y pueden generar estrés vegetal.
¿Qué cuidados recomiendan los expertos?
Aunque el invierno trae retos, también ofrece oportunidades para fortalecer las plantas si se aplican medidas básicas:
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Reducir la cantidad de riego. La tierra debe secarse casi por completo entre riegos.
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Evitar moverlas constantemente. Cambios bruscos de temperatura o luz pueden deteriorarlas.
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Aumentar la luz natural. Ubicarlas cerca de ventanas ayuda a compensar los días más cortos.
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Proteger del frío extremo. En balcones o jardines, cubrir macetas o moverlas a zonas resguardadas disminuye el riesgo de daño por heladas.
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No fertilizar en exceso. Durante el reposo, las plantas no procesan bien los abonos.
Un ciclo natural que prepara a la planta
Aunque sus hojas luzcan apagadas, el invierno no es una mala señal: es la fase en la que la planta recarga energía para volver a brotar en primavera.
Según expertos en jardinería, quienes respetan este descanso suelen ver un renacer más fuerte y saludable cuando regresa el calor.
En definitiva, el invierno no es un enemigo de las plantas, sino un capítulo más de su ciclo vital. Comprenderlo permite cuidarlas mejor y evitar alarmas innecesarias en esta temporada.

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