
CAFÉ DIARIO, SANTO DOMINGO. – Regalar flores ha sido una tradición milenaria, pero durante la era victoriana (1837-1901), este simple gesto adquirió un significado mucho más complejo y cargado de simbolismo. La floriografía, como se le llamó a este lenguaje floral, permitió a las personas expresar sentimientos que las normas sociales de la época prohibían manifestar abiertamente.
La sociedad victoriana se regía por reglas sociales rígidas y estrictas convenciones de decoro. Expresar emociones o deseos íntimos era tabú, y algunas palabras consideradas cotidianas en la actualidad se consideraban ofensivas en aquel tiempo. Por ejemplo, términos como pierna o pantalón eran reemplazados por eufemismos como "la necesidad del sur" para evitar cualquier escándalo social.
Ante esta censura verbal, las flores se convirtieron en un medio alternativo de comunicación. Así, cada flor adquirió un significado específico y permitió transmitir mensajes cargados de emoción. Por ejemplo, el tulipán rojo simbolizaba un sencillo “te amo”, mientras que la flor de cactus transmitía un amor más profundo y sincero: “en verdad te amo”.
Las emociones negativas también encontraron su representación en la floriografía. Un jacinto podía significar una petición de perdón, pero un lirio amarillo simbolizaba odio, y un clavel amarillo era una expresión de desprecio. Incluso el color y el estado de la flor podían modificar el mensaje. Una rosa roja brillante prometía “amor eterno”, mientras que una rosa blanca marchita reflejaba un sombrío deseo de muerte.
Este lenguaje minucioso permitió a los victorianos navegar por los complejos mares emocionales de su tiempo sin cruzar las fronteras sociales establecidas.
Aunque la floriografía ha perdido la popularidad que tuvo en el siglo XIX, su influencia aún persiste. El simbolismo de las flores sigue siendo parte de la cultura contemporánea, y regalar flores continúa siendo una forma poderosa y elegante de transmitir emociones, desde el amor hasta el arrepentimiento.
Así, aunque han pasado generaciones desde su auge, el lenguaje de las flores sigue floreciendo en nuestros gestos y corazones.



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